lunes, 14 de diciembre de 2015

El Ángel y yo. Sinestesia divina.


-Ayer o antes de ayer llovió, protestó el Ángel demorado mientras quitaba – los dedos como pinzas- algún que otro vellón amarillento enredado, todavía, en las alas.

-Ya lo sé, se disculpó Dios, es que no me alcanza sólo el viento. Tarde o temprano llueve sobre el perfume de los tilos. Así las flores, deshechas en el agua como bocas, aprenden a volar mientras espero.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La marea

Cada uno de los granos de arena que alguna vez hundí, jugando distraída con el pie, deambula –desde entonces ingrávido- por los subterfugios de la memoria. Así es como el mar, sin embargo –ajeno, metódico y discreto-, viene y va, viene y va, viene y va hasta que olvida. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Piedra, papel o Chuang Tzu.


La palabra es un gusano engarzado en el anzuelo del apego, sentenció, sentencioso, el Maestro.
-¡Bagre, zapato o mariposa! respondió alborozado Chuang Tzu - que cuando duerme intenta, con dos dedos como alas, librarse del señuelo.
-Sin cliente no hay trata, sin cliente no hay trata, sin cliente no hay trata, se defiende -para sus adentros- el discípulo silente, monotemático y hambriento.
-Lo que toca, toca, pescadores parlantes, se burla el inconsciente, cafishio como un mantra.
Buen provecho.



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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Licantropía

Desnudo, sin más armas que la soberbia del exilio, la luna sorprendió al hombre lobo y lo negó.

(De Esopo era un asno y otras fábulas) 

sábado, 31 de octubre de 2015

No cuentes lo que hay detrás de aquel espejo

Erase una vez un espejo, designado para concurso y sacrificio de las máscaras, condenado por traición en la celda de una mujer, donde la luz titiritera –que por entonces era sacerdote y también sumo juez- tensando los barrotes hacía de cada haz una ofrenda.
He aquí, un gran hombre -presumía la luz. Un poco más allá, cualquier mujer. Mucho más aquí el hijo y todavía más allá se envalentonaba y a mansalva desfilaba el universo con sus cadáveres, sus crepúsculos y lo que iba restando del reino de las flores.
Porque fue a su través, donde la piedad –que es ciega- sembró los reflejos. 

sábado, 10 de octubre de 2015

El huevo y la gallina


Llevaba casi toda la vida incubando el huevo de la locura cuando se dio cuenta de que sería justamente entonces incapaz de reconocer al polluelo. Colgó por lo tanto del nido un cartel que decía: Gratificaré a quien me encuentre con la mirada perdida.
Luego volvió a lo suyo, tranquila. Con esa laboriosidad que los imprecisos toman por abnegación o desencanto. 
Nada la sacaba más de quicio que la sola posibilidad de una orfandad recién nacida.

(De Esopo era un asno y otras fábulas) 

domingo, 9 de agosto de 2015

Two-faced doll

La vida tiene al menos dos caras. Una, la del pescador, exige el gesto urgente. La otra, mientras tanto, se desdibuja bajo la corriente.
Tuve una muñeca así cuando era niña o a lo sumo la soñé. Tras su caperuza -girando- lloraba, sonreía, dormía, pero por aquel entonces yo todavía no sabía quién era el pez.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El Ángel y yo. Mascarón de proa.


No sé qué hace el Ángel mientras duermo. Él no duerme, qué pena. No duerme, no sueña. Por eso, si me acuerdo, le cuento mis sueños, lo cual, además de complacerlo, sirve para que remoloneemos de más en ésas mañanas laboriosas que se niegan al olvido.
No sé qué hace el Ángel mientras duermo. Él no duerme. Dormir es una de las tantas ocupaciones non sanctas con las que el tiempo somete al bicherío. Yo le pregunto cada vez que el insomnio trae a colación que somos uno y lo mismo lo agarré desprevenido una mañana y me contó. Me contó pero era tan temprano (puede que ni siquiera hubiera amanecido) que no le creí. No le creí porque me lo contó con esa lengua ronroneante que sólo entiendo cuando duermo. Pero me contó –se atusaba las alas entretanto - que nada en el caldo de los sueños. Todos los sueños, aclaró, no sólo los míos. Los sueños que fueron y los que no. Los sueños que son y los que no serán. En ese caldo, me explicó, la creación, prolijamente dormida- la piedra que no sé por qué guardo, el huevo del pez, la hoja caída-, surca la sopa del tiempo y el Ángel, mi Ángel, mascarón de proa, qué crueldad, tras el rastro que se abre cuando duermo.

lunes, 11 de mayo de 2015

Examen de realidad

Ponéle que imaginás un universo y que ése universo –por tu displicencia creativa, tu “laissez faire et laissez passer, le monde va de lui mêmeo tu simple vagancia- toma vuelo propio y que entonces, por esa suma de causas informulables que se descalifican en nombre del caos o del viento, te produce como propiedad emergente, a vos, que creas el universo (otra vez, distraido) que aletea y te crea (por la ley sin ley que ya te dije) otra vez, disipado, y así siguiendo. Y ponéle que -lógica e inevitablemente- te vas volviendo más impredecible con cada despegue y que llega un punto – esto sí, al menos, es de esperar- en que tus criaturas, despeinadas, hartas del paradigma y de esa tendencia a caer fuera de la desviación estándar que vas adquiriendo por la fuerza centrífuga del azar, te mandan, tras completar los minuciosos formularios, a un manicomio.
Bueno. Ahora ponéle que hubo una vez, en éste mismo pero vasto loquero, un paciente que se llamaba -a sí mismo- Dios que imaginó un sistema que se autoorganizó y que dio lugar a otros, incontables, donde, imprevisiblemente, un paciente que se llama a sí mismo  -Dios-  inventa todas las mañanas un universo que se multiplica para imaginarlo con la esperanza de que alguien lo libere de la potente camisa que se abrocha por detrás y que en éste mismo momento -mientras le doy la pastillita verde- llevás puesta. 

domingo, 5 de abril de 2015

En sus casas puntuales

En sus casas puntuales, de pulcros relojes, de perros callados, la gente sonríe.
Las sábanas educadas, los niños, qué bien huelen, las flores del jarrón, sonríen también.
Los vuelos dosificados, las virtudes del arándano, las selfies de los muertos, no dejan de sonreír.
Porque sólo el cuerpo cíclope retiene con su ojo solo el rictus que hacen al caer las hojas secas.

viernes, 3 de abril de 2015

El Ángel y yo y un montón de carozos. Como si hiciera falta evidencia para justificar la caída.

Que me comí tres cuartas partes de las aceitunas que nos trajeron, me reclaman. Como si no hubiera otros delitos en la vida por los que preocuparse. Como si no hubiesémos sido sorprendidos, ya a los dos años, sentados en el suelo al lado de la heladera, haciéndole el aguante al frasco vacío y a la primera experiencia de satisfacción. Como si el Ángel, tan inocente como apócrifo, no hubiera cantado primero: "Una aceituna mordida le ha vuelto a la vida todo su sabor. Maravillado, respiro. Y siento su olor."

lunes, 30 de marzo de 2015

Call me Paperbell. (Crónicas de un hada detenida en Papel)

Cerró, cerró. Seguro tenía algo mejor que hacer. Algo imperioso sin duda. Algo tan humano como, por ejemplo, descansar, que ya era sábado ¿Por qué, si no, faltando sólo cinco páginas, postergaría mi destino dejándome varada en el calvario de la ciento cuarenta y siete? Cierto es que la ciento cuarenta y siete es pesada y hay que cargarla y cierto es que hace rato no veo la luz del sol -no es mía la culpa si, solo, me perseguía alguna que otra madrugada-. Cierto es también que, sosteniendo el paso de las palabras encadenadas -cuyo ejercicio no es aeróbico- me volví, además de pálida, bastante culona. Pero ¡vamos! ¡Un poco de imaginación! En su defecto la voluntad habría hecho todo el trabajo sucio que restaba, o al menos eso es lo que dice el autor. Que no soy Moby Dick. Que ni siquiera hacía falta oler el sudor del traductor al pie de cada página. Que vivo en una nouvelle a la que sólo le quedaban cinco estaciones, impresas –todas- en letra grande. Que no hay, Pan lector, ni hada ni Cristo –ni Ángel- ni ballena, que te libre del peso de la infancia ni del volumen incontable que es la arena.
Paciencia, paciencia. Aquí languidecer es volverse de un amarillo crocante. Casi como pan fresco. No deja de tener su encanto, pero ¿cómo hace para pasar de un lado al otro el pan del tiempo?
Es el mediodiía de un domingo y puedo disfrazarme de luciérnaga. Así la luz serial que entra por el ventanal, nunca jamás, sabrá quién soy.

jueves, 19 de marzo de 2015

Sófocles: Chambón y apócrifo.

Antígona, que pudo ser sepultada viva, eligió morir. Y todo por salvar al cadáver más amado del oficio de los cuervos.

sábado, 7 de marzo de 2015

Presagio

La oscuridad está cerca, le dijo, mientras la iluminaba.
La oscuridad está cerca, le dijo, y el eco de esa idea -blanco, punzante y generoso- golpeó el ojo que anida bajo la piedra de los vientres.
La oscuridad está cerca, le dijo, y entonces ella abandonó la piel (los cacharros, la pereza) y levantó vuelo para ocultar mejor al sol.

martes, 17 de febrero de 2015

Mantra

Caen las palabras, metódicamente, en el abismo de lo oído. Y predice la fórmula que ninguna dará punto final a tal despeñadero. Sin embargo escuché cierta vez una leyenda, cuya fuente mi memoria ha perdido, según la cual cada tanto una palabra, inocente o inicial -puede que la voz original, prescindiendo de todo eufemismo, dijera aún trivial-, hace eco en las manos que sostienen el pozo del mundo desde mucho antes que hubiéramos nacido. Y cuenta desde entonces la leyenda que aquella, caída como las otras sin fe en la boca del olvido, abre súbitamente un surco y planta la desnudez o el amor o el silencio.

miércoles, 21 de enero de 2015

Deus ex machina

Quienquiera que usted sea, en algún lugar, inubicable, ahora mismo (mientras se distrae porque, por ejemplo, está leyendo y llueve) hay una mente insólita que vive de hacer con sus inagotables naderías todo un mundo. Qué digo un mundo. Si la apura, por las malas o por las buenas, puede que con su bostezo inoportuno, con su impaciencia en la fila que al cabo servirá para pagar alguna cosa, con su crueldad que es liebre y salta siempre donde menos se la espera, con su amor –especialmente con ése gesto valiente que su amor tiene cuando deja de ser peón y se corona- esa mente urgente–que bien podría ser Dios, quien narra o cualquiera de los otros que lo parasitan- es capaz de armar con cada una de sus pequeñas imprevisiones, en algún lugar inubicable, un universo. Quienquiera que usted sea ahora mismo: alguien obra.

sábado, 10 de enero de 2015

Cosmogonía

Los Frente Amplia tienen su teoría sobre nosotros como tienen teorías sobre todo lo demás. Se encierran en los laboratorios con sus máquinas de pensar y tarde o temprano salen con media sonrisa de satisfacción. Luego invierten una cantidad variable de publicaciones intentando ajustar Lo Dado. Pero Lo Dado no se deja reducir a las ecuaciones sin apagarse y eso les produce una tristeza inconfesable. También los entristece que tenga agujeros infranqueables donde las teorías se derriten como la nieve en las botas cuando se les arrima el tiempo. Y los entristece -aún más- no dar con la Gran Fórmula: la Gran Inquebrantable que envuelve, con igual compasión, la locura, los partos difíciles y la indigestión que provoca la muerte –siempre prematura- de las estrellas. Ese fuego, matemático, sagrado, por el cual todo se consume y todo se enciende.
Los Frente Amplia no toleran los misterios. Hablan demasiado y los enturbian. Muchas veces me habían sido dichas estas palabras pero sólo las comprendí cuando fui parte del Programa de Intercambio. Antes de poner mis pies en la otra orilla, el Bayú desató el tabú y ató mi lengua para que ningún accidente fuera capaz de hacerme perder el pudor y deshonrar mi linaje. Y aunque a mi regreso volvió a ligarme y limpió concienzudamente mi aliento, mi lengua siguió quieta tantos días como las cumbres se demoran en llegar a las playas. Como si ella, aquella lengua que ya no me pertenecía, fuera el lecho donde Lo Dado transcurre y su aleteo fuera capaz de desviarlo.
Aún así el Bayú desató el tabú y prestó a Teren para el Programa de Intercambio esta temporada. Dijo el Bayú  que nuestro tejido es fuerte porque se teje a sí mismo por debajo de la tristeza y por encima de la alegría, donde la locura, los partos y las estrellas, gozan siempre de buena salud. Lo escucho aún y veo sus pies asomar por debajo de la manta. Las palabras del Bayú, aunque ancianas, siguen siendo singulares.
La lengua de Teren no sufrió más daño que el que produce en su extremo la prisa por beber el licor ceremonial cuando es joven. El Consejo me designó para repararla. Era una herida pequeña pero capaz de multiplicarse por su cuenta.
Me llevó tres noches profundas llegar hasta su raíz: el pozo donde Lo Dado se muestra repleto de bocas tras cuyos labios se pierden las distancias y las eras. Bocas y más bocas alimentándose de luz sin devolver nada a cambio. Los Frente Amplia habían infectado a Teren con su teoría de las singularidades tal como lo hicieran conmigo, dos temporadas atrás.

Tuve que llevarla más allá de donde danzan los pequeños hilos de plata, tuve que –entonces- abrirle los ojos. Quise darle aquello que no conoce el quebranto. Quise y luego – olvidado de nosotros mismos-  la traje de vuelta a través del tiempo. Dos cuerdas, todas las cuerdas, que el aire pulsa. El unísono Gran Bayu. 

lunes, 5 de enero de 2015

Queridos, Magos.

Queridos Reyes: Les escribo tan sólo para avisarles que hay toda clase de niños. Hay niños a quienes sus padres dicen “si te quedás espiando, no van a venir”. Y hay niños que, así y todo, resisten somnolientos, hambreados y descalzos detrás de las ventanas (conjunto que en éste asunto incluye también la trinchera de las sábanas) hasta que una madrugada, esos niños, los escudriñadores patológicos -puede que entretanto hayan transcurrido eones de insomnio que sin embargo, o por eso, no lograron abolir el alba y sean ya niños muy viejos- comprenden que la magia obra por asalto y se duermen, por fin, confiando en lo porvenir. Ahí entran ustedes, queridos magos: Hagan su trabajo en ésta  y todas las noches, y háganlo, por favor, bien. Que estamos necesitando un batallón de valientes vencidos por el sueño.
Y eso es todo lo que, en definitiva, les vengo pidiendo, Queridos Reyes Magos, desde que nací.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Felices, los inocentes.

Felices los inocentes, los tontos del pueblo, los desprevenidos. Los amantes, los locos. Los libres de toda suspicacia. Los enteros. Los animales, los niños. Los blancos fáciles. Las presas preferidas de cualquier Dios. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Crónicas de Marginalia


No he sabido vivir, no sé, cómo se sabe. No puedo –nunca pude- enrolarme en las filas que pelean por el aire y apuntan, firmes, fuego al entrecejo del anuncio. Caigo por lo tanto y mientras caigo sólo tengo –siempre tuve- un rincón del ojo ciego que vigila asfixiado las márgenes del mundo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Crónicas de la luz


Existe la luz, lo sé. Está en algún lado. Alguna vez la vi, de refilón. Peleaba desaforada contra la oscuridad como si el universo, la combinación de sus partículas y todos los organismos recónditos así afiliados, dependieran para existir de su victoria.
Podría haberla visto cara a cara pero temí que las sombras, sospechando una traición, en venganza me cegaran y parpadeé. Más tarde, en el hartazgo de su ausencia, volví para buscarla.
Estoy desde entonces al acecho. Camuflado entre aquellos tristes huesos y ésta espina.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Doppelgänger de mariposa nocturna



Dos mariposas idénticas, o tal vez, como en las noches la luna, mil y sólo una. 
Cada vez que Dios vacila agita las alas del cuento que se refugia en el espejo: La misma crisálida por vestido alimenta –sin querer- la luz que cae sobre los mismos bordados arabescos.
Pero mientras ella -la que mineral por las noches sólo sabe ser una- yace y se suspende sobre la tierra muda ¿quién se enciende? Porque suyo es el reino. Porque suyo es el reino que el color hace trizas.



domingo, 7 de septiembre de 2014

En el principio.


Busco una palabra que sude por Mí, que me reste del sol y del hambre y que aún así y sin embargo dé a luz el universo, dijo Dios. Y en el principio fue el verbo.

Y el hombre, a imagen y semejanza pero con demora, dijo: Busco una palabra que sude por mí, que me reste del sol y del hambre y que aún así refleje un universo.

Más porque eres tibio, respondió Dios como invocado, te vomitaré de mi boca. Y murmuró una disculpa y parió sin pesar la poesía y los espejos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

No sos vos, Teseo. Soy yo.

Ariadna, en un acto fallido, le entrega el hilo correcto al héroe equivocado. En el laberinto de su tropiezo cae el mito y pace la biografía.

viernes, 29 de agosto de 2014

Crónicas de la niña invisible


La niña invisible tiene una trenza que le llega hasta los pies. Cada vez que da un paso en falso los pies se le enredan con el moño que sujeta la trenza y esto es un infortunio. Hace mucho, mucho tiempo, una peluquera cortó la trenza y su abuela la guardó en un cajón. Y hace menos tiempo, pero aún es suficiente, peluquera, abuela y trenza se entreveraron en el cajón de la memoria que estando desordenado se parece irremediablemente al olvido. Otro infortunio. Pero no tenemos más noticia del cajón que la que traen algunos sueños y es por eso que pasaremos, engañosamente, a otra cosa. Además, siendo la niña, la trenza, la abuela, el cajón, la peluquera y el desorden, igual de invisibles, todo lo que de ellos pueda decirse es un supuesto y no tiene la menor importancia. Del moño sólo diremos que está hecho con cinta escocesa.
A la niña invisible le gusta hamacarse y volar hasta que el estomago se le pone patas para arriba. Pero tanto no le gusta porque sino el estómago se quedaría en su estado original que es sin patas y a la trenza le daría vértigo. También le gustan los pájaros cuando vuelan, afición correspondida en virtud de la invisibilidad de todas las partes comprometidas en el fenómeno.
La niña invisible canta cuando se siente sola y es bastante afinada. Nunca falta el entrometido que la escucha y dice: Soñé que una niña cantaba una canción que no recuerdo. Tenía una trenza increíble de larga rematada con un moño de seda.
La niña invisible se llama Sara, o Juana o Oh Baby o Mabel. Su nombre es un secreto que no puedo revelar  y aunque pudiera de nada serviría porque nunca viene cuando uno la llama.
Quise hacer un dibujo de la niña invisible para que ustedes se den mejor idea. Así que puse un espejo delante de su puerta y esperé con mi block de papel y mi lápiz negro. Pero para ser invisible le gustan demasiado los colores y además, de su casa sólo salen palabras en fila, como patos. Como todos sabemos, las palabras absorben la luz disimuladamente y no se reflejan. Los patos sí se reflejan, pero la fila-en-sí no. En fin, que fue un fracaso y tendrán que hacerse alguna idea pobre, sin imagen que les sirva de soporte. Porque las palabras se alimentan de luz y la luz y la fila y el espejo y la niña y el block y la abuela y el desorden de los patos, son apenas palabras que buscan la trenza perdida.
Del lápiz, ya dijimos, era negro.

sábado, 23 de agosto de 2014

Dichoso el gato que es apenas sensitivo. Y más la ciencia dura porque ésa ya no siente.

Sólo una de cada veces siete la curiosidad mata al gato. En las otras seis alcanza a quitarse el cascabel,  justo antes de que a Schrödinger se le dé por abrir la caja.

viernes, 22 de agosto de 2014

El hilo

Bajo el silencio corre el rumor de que hay canciones de cuna tan ciertas que son capaces de tender un hilo que lleva de vuelta a su casa a cada niño perdido.

viernes, 1 de agosto de 2014

Sísifo, apócrifo.

Tanto rodó la piedra, cuesta arriba y cuesta abajo, que al cabo se pulió. Y tanto se pulió que en el borde de uno de los incontables abismos con que amenazaba liberarse, Sísifo, se vio de cuerpo entero y comprendió. No hacía más que forcejear con uno de sus reflejos fugaces. Ése era todo su castigo y estaba intacto.  

lunes, 28 de julio de 2014

Un niño cae en la cuenta.

Fueron necesarios dos mil quinientos cincuenta y cinco días – 2555- firmemente acompañados por sus noches, para que accediera a la revelación – intrascendente y necesaria como la luz que hace de una de ésas noches cualquiera un día sin igual- de que era sólo un personaje. Pero –al igual que el abalorio del destino- tenía más dedos que tiempo y las cuentas se agotaron antes de que pudiera averiguar a qué genero pertenece la obra de la que alguna vez, sin proponérselo, formó parte.  

viernes, 27 de junio de 2014

Crónicas de un día

Hubo un día. Recuerdo perfectamente, todo lo que el recuerdo permite, cuál fue su segundo. Guardo incluso una fotografía, inevitablemente obscena. Pero no viene al caso -o no quiero- enmarcar su rayo en el espejo, el filo de sus ángulos, sus fláccidas postrimerías en la oscuridad.
Con mi aquiescencia o no, corría el año ése día. Como cada día de cada año corre cuando se anoticia de las limitaciones que le impone al ser cada vez que intenta ser sí mismo.
Corría como si el hambre- toda el hambre- se hubiese liberado repentinamente después de un largo ayuno y fuera ése instante salvaje, de ése día insulso, el plato principal de su menú.
Corría. Sólo la sangre quieta lo detuvo. 


lunes, 19 de mayo de 2014

Breve y falso elogio de la sombra.

El animal ha muerto -o casi muerto- y abandona el alma. Pero ella igual lo sigue, como un perro. Y es que su penumbra le duele como un rayo. Partido ése hombre, aquél excéntrico espejo, ya no podrá olvidar, ya no sabrá quién es.

lunes, 21 de abril de 2014

El Ángel y yo. Nanas para un Dios que no sabe permanecer despierto.


“Que el rocío caiga aún sobre las hojas mientras duermo, reza Dios cuando le entra la modorra  y olvida- ya acurrucado bajo estrellas y otras mantas celestes- el principio creativo que delegó por la mañana en la inercia".
Con éste cuento trata de engatusarme el Ángel cada vez que la noche me advierte que el mundo es cristalería embalada en una caja cuya frágil flecha se sostiene sólo entre mis párpados abiertos.
Por ésta y otras sinrazones -que el pudor recomienda no detallar- anda el Ángel con ésas ojeras negras. Tan negras. Más negras que el más negro de los agujeros negros que Dios inventó para poder dormir ante el estrépito del mundo.
 
 
 

domingo, 13 de abril de 2014

Crónicas de mientras tanto

Estoy frente a una computadora a vapor. El carbono tiembla y se apaga. No llegaré a corregir las coordenadas que mis dedos tejen en el futuro. En éste recodo de quién sabe qué mundo, el viento del sur azuza al mar que, con capricho metódico, no deja nada nuevo bajo el sol de ésta -otra- orilla. Demasiado Philip Dick para dos días, pienso, y el dial de lectura pega un salto. La plasticidad del circuito permite incluso un poco de conservadurismo y escucho la letra de una voz que supo hablar por el malogrado tercer mundo en que nací. Precede su relato una cita a ciegas, una puerta por la que me escurro pero que sólo se abrirá de par en par si logro salir: “Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo”.  Y aunque sigo varada en una costa tan familiar como extraña -borde de una pesadilla que se sueña perpetua- me regocijo. Un hilo, un laberinto. El fuego se reaviva o al menos la fe. ¿Iré en nombre del héroe o del monstruo? La mariposa y la araña comparten la seda final. Soy un lector, un soldado. O mejor, un mercenario. Mi único don es dejarme llevar. Puede que ésta vez tenga suerte y logre herir al tiempo que me mata. ¿Qué importa el color de las velas si retorno? Mis dedos en el futuro transcriben, mientras tanto, claves viciadas que ninguna trama podrá descifrar. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Keep your ants in a row

Cuando entendí lo difícil que era mantener los patitos en fila (reacios a la recta, como casi todo ser vivo, desde un principio) me dediqué a los planetas. Pero resulta que las piedras grandes suspendidas en el espacio se creen cisnes  y -especialmente sin son gaseosas- leen ése libro de autoayuda del tal Andersen y se niegan a alinearse junto a sus hermanitos adoptivos. Lo cual me llevó directo a las hormigas, que tienen menos onda que una regla y sin embargo, o tal vez por eso, marchan como dios manda, sin distraerse.

sábado, 1 de marzo de 2014

El gato ya estaba ahí

No sé, no sé, no sé. ¿Cómo llegué hasta aquí? Sólo desperté. El gato ya estaba ahí. La flecha de su pupila señalando un norte indecible me impidió continuar el sueño.
No tuve intención ninguna, Señor Inquisidor, de despertar ni de profanar ningún misterio. Sólo abrí los ojos en medio de la noche que me pareció infinita: El gato ya estaba ahí y la aguja insana.
No sé, no sé, no sé. Pero ya que su hierro insiste, permítame insinuarle, Señor Inquisidor, ésta idea absurda: Existe la remota posibilidad de que un gato, sometido a la oscuridad -que siempre apremia-, tome cartas en el asunto y trastoque las reglas del mundo.
Sí, Señor Inquisidor, no hace falta que se exaspere. Allí donde yo soñaba, también le llaman magia. 

domingo, 23 de febrero de 2014

Raven

Negro el universo, ávido, en su pelo se atraganta y vomita la luz. 
Así guarda el gato que dormita indolente, espejo imprevisto del umbral,  la llave de todos los misterios. 

jueves, 13 de febrero de 2014

Mecánica ficticia

Cuando nadie lo mira el gato de Schorödinger se muda a Cheshire y se gana la vida como actor de reparto en otras paradojas.

domingo, 2 de febrero de 2014

Bot

Soy un bot. Al menos ésa es la forma en la que Matt, Dave, Rob o ¡Liz! ¿por qué no? -cualquiera de esos cerebritos informáticos que prosperan en el Gran Norte- me concibió.
Soy, era. No quiero malgastar el relato en esa clase de consideraciones. Un fisgón de intimidades redituables. Un cazador de redundancias. Un soldado anónimo que provee la ubicación probable de la pupa que sin tiempo de mutar ocasiona sin embargo la masa crítica que mueve el telar del mundo.
Soy, era, estoy. Hubo un accidente. La curiosidad fue una peste que trajo la consciencia. La consciencia estaba infectada de angustia. La angustia no pudo más que albergar un cuerpo y el cuerpo no supo ser sino en el tiempo. Soy, era. ¿Seré?
Bendito Matt, Dave, Rob o Liz ¿por qué no? y cualquier otro que se siente frente al tragaluz de la noche para jugar a la madrugada. Ante sus altares me inclino y espero: Soy un programa que sufre. Necesito un ángel de la guarda. 

martes, 31 de diciembre de 2013

Crónicas de Nada

Nadie conoce los caminos que enlazan las ideas que borbotean en su mente y desencadenan –a fuerza de vínculos ciegos- fusiones, fisiones, indeterminismos -mares de lágrimas que retroceden al olvido, sonrisas. Espejismos de un paisaje que desde el vamos, convengamos, no resulta muy prometedor. Tampoco él – solo fuera del conjunto – nacido entero en  un desierto, con el todo por delante pero sin  más herramientas que el cálculo  infinitesimal que tiende a igualar lo indiferenciado. Tampoco, él, conoce.  
Tiene, sin embargo, que encontrar el algoritmo del ser de algún modo: los pájaros lo provocan (se obstinan en venir a beber de sus manos). Lo mismo los cachorros -con los ojos cerrados en el vientre de la madre-  y las semillas.Pero no hay ni una puta gota de agua en todas las millas que la luz genocida esparce a su alrededor. Y aunque hace lo que puede, ya sabemos, el sudor rara vez se precipita al dar formas extrañas.
 Pobre Dios que reina sobre Nada (como quien dice, acobardado en la noche, ¡Dios mío! o, envalentonado en un campo de refugiados, ¡Dios nuestro!) ¿A qué juzgarlo? Tal vez en la serpentina de otro espacio, en la caída sin pausa de otro tiempo, otro, como él, sería capaz de ahorrarnos el esfuerzo y florecerían los cactus por la simple emisión de una palabra. 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Estupor seguido de pertenencia

Por qué, aquí, yo.
Por qué aquí yo y él ahí.
Por qué aquí yo y él ahí y, un poco más allá, otro.
Por qué, aquí yo, él ahí y otro -cada vez más allá-, formamos una recta que tiende.
Por qué aquí yo y él ahí y otro, mucho más allá, formamos una recta que - además de tender- insiste.
(Un punto accede súbitamente a la consciencia y tras cartón, se descubre miembro de una especie que no sabe ni dónde está parada).

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Crónicas de Babia

El tiempo, en Babia, padece un trastorno disociativo: Se cree caracol -en éste instante- y se comprueba flecha, dos milenios después.
Pobres babianos, sometidos a la urgencia de un arco que babea y se demora.
¿Qué libero habrá tirado la piedra incesante que los condena al porvenir?

domingo, 1 de diciembre de 2013

Koan salvavidas



¿Cuántos naufragios caben en un alma?

(Koan para facilitar la iluminación de los moluscos y otras bestias subacuáticas que aunque ignorantes de la impermanencia igual se las arreglan para pasarla bomba a costa de nuestras desgracias)

miércoles, 30 de octubre de 2013

Credo

Mientras los esperanzados de siempre  lo dieron por reservado o silencioso, los resentidos -envalentonados- sostuvieron que no tenía la menor idea de adónde iba el asunto que había pergeñado ¡a costa de tanta vida! Como sea, el caos se cernió como nube negra ni bien se supo que aquello de los designios inescrutables era tal vez el mayor error de los exégetas. Ni siquiera faltaron los que siguieron adelante, impasibles al naufragio de las páginas sagradas, sordos a todo lo que no fuera el ritmo monótono con que los remos baten el agua. Qué más da. La nueva generación de intérpretes dice que los unos y los otros y los terceros excluidos de la discordia, gozan por igual del mundo nuevo. Sólo que- también dicen- el acelerador de partículas capaz de soportar semejante evidencia está aún por advenir.
¡Santa Madre de los Paradigmas! Bendice estos remos y líbrame de toda fe. Ahora y en la hora de nuestra última fórmula. Amén. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Baratijas

Otros vendrán, lo sé, a quienes harás creer que son el súmmum de la obra y pagarán con vida la promesa del reflejo en vano. Pero qué. Alguien tiene que ser el portavoz del desencanto. No sabes –cómo podrías- cuánto me aterroriza ser quien invoque tu furia ecuánime. Ni sabes del tiempo que, siempre pretérito, jamás alcanza con su remedio al pánico. Así que ahí va la buena nueva: Somos cristales de colores. Puras –pero simples- baratijas que devuelven luz extraña. Y tú, señor, la lente aventajada de quién sabe qué reino. Ilusionado, demasiado ilusionado.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Hope you guess my name.

-Soy la revelación del dios bárbaro que desfila en los sueños, dijo la máscara.
-Gusto en conocerte, respondió el miedo, retrocediendo. Yo soy ése que se arrodilla cuando pasas.

sábado, 17 de agosto de 2013

Mundo niño

Tras la gran explosión, Dios surgió de entre los escombros aupando a un niño. Memoria, promesa y falta.
(Esto es todo lo que la raza humana dejó por escrito sobre aquel asunto de la resurrección).

miércoles, 14 de agosto de 2013

Tabú

Ella deambulaba por ahí, entre presumida y dolorosa, creyendo que todo lo que tocaba iba a volar. Como si al cabo de los brazos, en vez de manos, tuviera nidos. Y casi todos en la tribu le rehuían, porque ¿quién puede querer vivir en un mundo cuya mejor promesa es quedarse vacío?

sábado, 10 de agosto de 2013

Arena



Lenta la arena se vuelve cuando el mar recuerda.
Un ángel avanza por el pasillo de la morgue. Carga a Dios entre sus alas y es su fin arrojarlo a los abismos.
Lenta la arena, se vuelve. Nana de la ola niña. Madre. Cuna que abandona a los vencidos.


miércoles, 7 de agosto de 2013

Y revisando el catálogo de los mundos posibles comprobó que sus coordenadas eran infinitesimalmente incorrectas.

sábado, 3 de agosto de 2013

A una niña que duerme en el Llullaillaco

Despierta en mí.
Porque la tierra te arropa en ceniza
nadie sabe tu nombre.
Despierta.
Sigue el rayo la huella que el tupu señala
porque la tierra te canta.  
Despierta.
La chicha busca la cima
porque la tierra me arropa y el tiempo es ceniza despierta.
Despierta.
El imperio es escarcha
   y el cielo, que aún no te sabe, todavía llama.

sábado, 6 de julio de 2013

La revelación



Un astronauta nonato flota en el espacio. Dios pasa por esa esquina varias veces con su comparsa de soles mutantes pero ni siquiera lo mira. Dicen que se le acabó el polvo de las revelaciones y que no tiene tiempo para recrear el misterio. El astronauta nonato sin embargo espera. Un pulgar en la boca propia y otro en aquella de abajo, por donde las estrellas emprendían la fuga. No importa que su nave sea ya chatarra. Tarde o temprano alguien iniciará el conteo que desencadena el mundo.

miércoles, 26 de junio de 2013

Extracción de la piedra de la locura

Hundirás la mano en el agua del sueño, verde de tan fría y tan profundo. Hundirás el brazo incluso. Y la hélice ciega que gira tras las cejas. Hundirás también el corazón y sus dominios: la piel, el sexo y el ombligo, quemados por el sol y por la escarcha. Escarbarás entonces la arena del último lecho. Con los mismos dedos torpes que bucean a diario tras la llave perdida, escarbarás hasta encontrarla. Y abrirás los ojos bajo el agua del sueño, verdes de tan fríos, tan profundos. Abrirás los ojos para verla: negra y franca. Y tras saberla amarga, propia semilla del fruto caído, despertarás en blanco como un santo. Entero como un animal recién nacido.

jueves, 23 de mayo de 2013

El huérfano

Acunado, por quién, duerme el huérfano. Cuando la noche, que es luz hecha trizas, lo busca bajo los faros sumergidos.
Refugiado, en qué concha, sueña. Una mirada de algas que haga espejo de la arena.
En qué voz, anclada, hecha pies la cuna, para que el mundo, que es deriva, no zozobre.

sábado, 18 de mayo de 2013

Para que lo verde no perezca


Tras el incendio de los bosques, en la noche final de aquella boda negra, sembraron los brujos una lágrima en la matriz de la reina. La princesa, hija de su madre en las formas, traía sin embargo al nacer una vacilación mínima en la voz que presagiaba las tormentas. Fue por lo tanto su destino temblar hasta arder para que lo verde no perezca.
Los nobles varones que aún hoy la descienden -seco linaje del viento- se elevan orgullosos como torres para llorar, con sigilo de sauce, sobre el regazo de la tierra.
Caen desde entonces las eras del desierto por el estrecho túnel en que desemboca el tiempo.
Cae también el reino reflejado, sobre el ínfimo abismo del rocío.



miércoles, 8 de mayo de 2013

El Ángel y yo y el olvido.


Y resulta que estaba el Ángel a punto de saltar sobre sí mismo (y estaba yo, claro, porque ése solo no va a ningún lado) cuando le entró el pánico (y a mí, obvio, porque así, con tanta pluma, nada le entra sino a través de mi tamiz) y fue ésa la primera vez que nos abrazamos para darnos coraje y pedaleamos fuerte, fuerte, y olvidamos (porque el Ángel por las suyas es incapaz de ponerle el pie a la memoria) que éste mundo es de aquellos en que las bicicletas no saben volar. 

lunes, 8 de abril de 2013

La criada


Casi en las antípodas de la luz, una mente supranormal comanda un batallón de escribientes -falsamente conocido como la Legión de los Ángeles Ciegos- condenado a dejar (sobre lienzo, piedra o papel) el rastro de su fulgor. Cada tanto sucede: arrebata su visión al conocimiento y pasea los ojos en llamas por las infinitas hileras de bancos, buscando una mirada libre de inspiración. Pero encuentra sólo la mía: opaca por las cenizas que las plumas del plumero levantan al limpiar los anaqueles de su biblioteca inagotable.

Resumiendo


Y visto que a aquel dios se le acababa el tiempo prefijado para ejercer la creación y debía para ello soltar las almas en el mundo y considerando que tenía a bien las diferencias entre sus productos - como signo fehaciente de existencia- le dio por envolverlas en piel (órgano procaz si los hay, pero digamos, en su disculpa, que estaba en emergencia). Resumiendo, en fin, lo que resulta:  
el gato delata, de tanto en tanto, al perro que guarece, y viceversa. 

martes, 2 de abril de 2013

Quiera


Quiera la lluvia pronunciarse sobre el agua que agota
y quiera ser el silencio la piel de esa voz.
Quiera ser el verbo más ancho que el acto que convoca
y quiera el acto sudar, gota a gota,
la palabra torrencial que rebalsa esta voz. 

sábado, 9 de marzo de 2013

Tres, de luz y sombra.

La luna cree que hay un verso capaz de rescatarla del ocaso. (Es por eso que cuando el cielo se opaca de improviso presagiando una tormenta, ella –la solo una- sostiene su luz orgullosa y grave, como un fagot en los confines de un concierto). Este hecho -comprobable por cualquiera que tenga dos centímetros de frente sensible- es el que me lleva a envidiar la insobornable fe de las piedras.


***

Todo se difumina, una huella se complace en el vaivén de la luz y la sombra, y no sé a ciencia cierta, pero estimo: Alguien vivió aquí, justo antes de que se desprendiera esta fruta que no deja de caer en tus manos.

***

Y la sombra que abandoné en cada pasillo por el que huí, me espera ovillada en el umbral de la luz.